En el tono peculiar de hacer poesía que tiene JORGE PIMENTEL, estos inopinados versos de inopinados acontecimientos.
(De Jardín de Uñas)
Extraído de la revista FIN DE SIGLO, Marzo 1977.
Inopinados
La cabeza de un pelotón de sombra
donde nadie sabe de ti, hay un vacío vivo,
hay complicaciones, existe un vacío innoble.
Hay complicaciones, hay detalles, incomprensiones,
fuegos diversos que dificultan, hay un estruendo
un pelotón de sombras donde nadie sabe de ti.
Hay, existen las plantas mortificadas, lobos y un cadáver sin episodios
y las gárgaras cansadas forzando el universo lóbrego, extenso,
amorfo; es la imprudencia de decirnos, es la incomunicación
sin mencionar la evidencia estúpida bajo las restricciones
de debidos irredentos, en un salón oculto de hormigas
huyendo las costras de un paraíso sin eficacia,
en especial el vivo afecto translúcido, el vivo enjambre
irrepetible, de mortificaciones auscultadas
amaestradas, siniestras amadas, y por fin disueltas
en pan, en mar, desfiguradas en ardor
en calles, caminando, soplando, abstraídas
recorridas por un sol que muerde los geranios
apiñándolos en un vapor de algo disoluto,
revestido el temor, el magnetismo, el magnetismo, el magnetismo
del acento imprudente, sin felicidad
atrevido, atreviendo a la fecha escrita
a la náusea descrita con ardor consumado
la arrepentida luz demudada devenida denunciada
y casi frágil como un golpe que el aire
como una segunda desaparición: la primera ya cayó
despedazada con una angustia, desaparecida, desapercibida,
asolada, arropada de cuerdas, de cuerpos maltratados
opuestos angustiosos en el discurso plano,
solar, sin calidades, sin oportunidad, sin onzas,
sin frutas, sin cadencias, sin ir,
huyendo hacia el frío panzudo, afligido,
sin torneos, sin escuchar, sin prevenir,
sin escuchar, sin latir el trozo que uno es,
el trozo en el que se va, el trozo en el que se masculla,
que se masculla; y hace más ligera la eternidad.
En mi edad de piedra, cuando adhería al concepto de “La lucha de clases”. Ahora mi opinión es que, Marx, entusiasmado con la frase de Darwing: “Lucha por la vida”, y desesperado de no poderla aplicar a su estrecha teoría del devenir social sin braisechenicarze, convirtió en “Lucha” lo que en mucho sólo es repudio o resentimiento entre partes de la sociedad.
RELATO
(Hecho verídico que me contó A.A., salvo que me haya engañado. Los nombres han sido cambiados, por supuesto)
HOMBRES DE BIEN
Un día Juan Obregón encontró en la calle una bolsa grande de papel, repleta de marihuana. Aun cuando era aficionado al estupefaciente, esto era demasiado para él y por el temor de ser encontrado con semejante exageración, fue derecho a una comisaría.
Los policías, entre chanzas, lo devolvieron con su bolsa porque no le creyeron que fuera marihuana. Con la conciencia tranquila y como autorizados, Juan y sus amigos de generación, fumaron como marroquíes. Pero era tanto el insumo, que su hermano menor -con ojo para el marketing- la empezó a distribuir por el barrio en pacos buenos y baratos. Pronto la policía le cayó encima y, a punto de encarcelarlo Juan asumió como suyo el negocio, salvó a su hermano y fue a la cárcel. Obregón era poeta y en la cárcel conoció a otro poeta cuya historia adoleció de la misma virtud: Este era M. Velaochaga y en su trabajo, que era de saco y corbata, su contacto con el dinero era fluido. Tan cerca andaba del vil metal que terminó vencido por su fascinación una y otra vez, hasta que la magnitud del desfalco lo evidenció la empresa.
Investigaron minuciosamente y terminaron por agarrar a otro y cuando estaban a punto de encarcelarlo, Velaochaga (Para no hacer quedar mal a los poetas) reveló su culpabilidad y en la cárcel se conoció con Obregón, el otro virtuoso.
MUESTRA
Lanscape
Le Corbusier-joke
Lucila duerme.

100908-TOM
velada
humor
“En esos meses se dio cuenta, por primera vez, que era solamente en el acto de pintar –no en la meditación, ni en la conversación con sus semejantes, y ni siquiera en el acto del amor- que podía partir la fruta de la vida y saborear su dulzura fundamental”
Del voluminoso “REMBRANDT” de la exagerada poeta Gladys Schmitt
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